Archivos Mensuales: marzo 2012

Cómo florecer habiendo muerto. . .

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Ayer después de muchos intentos decidí que una de mis orquídeas (la última que tenía) estaba muerta. Mi madre y yo habíamos hecho lo posible por salvarla cambiándola de lugar, la llevamos por toda la casa, ahora más luz, ahora menos luz, ahora más humedad, ahora menos. . .pero no resistió y creo que la causa de sus males fue una corriente de aire bastante fuerte que intentó llevarse su alma el año pasado. Casi lo consigue pues ella era fuerte y se resistía a irse. En diciembre nos dejó ver una pequeña luz, una nueva hoja, pero no puedo ser.

Mi madre, que es una mujer muy sabia, se llevó la maceta de la orquídea para vaciarla y al poco tiempo reapareció con la misma, llena de flores que había cortado del jardín. Mi cara y mi corazón se iluminaron al verla y aunque sentí alguna tristeza por la orquídea,  sé que hicimos todo lo posible por salvarla y  la recuerdo como una de las más bonitas que haya tenido. Recordé entonces que, muchas veces hablando de plantas, mi madre siempre me dice “No pasa nada si alguna planta se pone muy fea y hay que tirarla, a ellas también hay que dejarlas morir” y ¡qué razón tiene! Para que las flores que están a mi lado, mientras te escribo, me acompañen hoy, tuve que tomar esa decisión, dejar ir a esa orquídea agonizante que ya no tenia energías para seguir.

Ahora que la primavera ha hecho que mi propio corazón florezca, porque vuelve a soñar, porque está enamorado de la vida y sobre todo de si mismo, ahora que me ocurren cosas buenas todos los días sin buscarlas y después de esta pequeña anécdota pienso en cuanto sufrí por no querer dejar “morir” partes de mi, por no querer dejar atrás, en el pasado, en su lugar, determinados momentos, personas, emociones de mi vida que ya no pertenecían al presente y estaba empeñada en llevármelas y empujarlas a la fuerza al futuro…y hubieran llegado como esa orquídea, que en su esencia era preciosa pero que ya no tenía energías para seguir. Su camino y su vida habían llegado al final. . .

La naturaleza es definitivamente muy sabia, el otoño se lo lleva todo para que en el invierno incubemos nuevas flores que verán la primavera y que nos traeran frutos deliciosos en el verano…pero nosotros inmersos en esa constante sed de certezas y control nos olvidamos, casi siempre, de dejarnos llevar por las olas de los cambios, de que la única forma de florecer es dejando morir antes algo.

Gracias mami (¡y toda la familia y amigos!), por cuidarme como a una de las mejores flores de tu jardín, por creer en mí,  por recordarme algo tan esencial como es la jardinería del alma y regalarme una ventana por la que mirar para volver a soñar con el futuro. . .

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…a veces…
hay que dejar morir las flores
por eso siempre,
nunca te olvides
de olerlas antes
cuando te las encuentres. . .

Amor bailable

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Allí estaba yo como cada jueves a las 19:55 subiéndome a mis zapatos de flamenca y adentrándome en mi falda de volantes. Los tres primeros meses de embarazo ya habían pasado pacíficamente y desde hacía dos semanas había recuperado mis rutinas de bailadora. No tenía la misma precisión de movimientos pero el embarazo me regalaba una sensación de libertad al bailar que desconocía. Antes de que todas mis compañeras estuvieran listas mi profesora, Juana,  se acercó  a mí con una delicadeza y un aire voluptuoso en la mirada. Me pidió que saliéramos un segundo de la sala pues quería comentarme algo. Pensé que fuera algún detalle relacionado con la función benéfica que se celebraría en dos semanas y aún teníamos que resolver pequeños arreglos de los trajes, sobre todo yo. Pero no fue así. Sus palabras se me quedaron pegadas a la piel como miel derramada, dulce pero extremadamente pegajosa, no supe que decirle. Volvimos a la sala y comenzamos la clase. Entre taconeos y brazos enredándose en el aire o en las faldas, Juana se quedaba en mis curvas, no podía seguir a las demás y misteriosamente no me importó. Alguna fuerza extraña hizo que durante una hora mi sensualidad se contonease a ritmo de fandangos. Mis pechos ya cargados de una gran dosis de instinto maternal pareciera que se querían salir del escote que Juana recorría con su boca a distancia. No era solo deseo lo que se desprendía de sus pupilas sino un amor que me juró repentinamente antes de comenzar la clase. Un olor a azahar, como la primavera que yo llevaba en la barriga, inundó aquel lugar y el resto de las alumnas se fueron contagiando de mi capacidad para bailar de una forma liviana, despreocupada y feliz. Sin querer el corazón de Juana marcó por fin un compás que todas supimos seguir a la perfección, sin perder un paso, una punta o una media, sonábamos con una armonía que hasta la fecha nunca habíamos conseguido y así vivimos aquella hora que se quedó suspendida en el aire como ropa tendida al sol.

Salí de la clase con las palabras de ella revoloteando a mi alrededor “me he enamorado de ti” y sin saber muy bien el significado que debería darle me acaricié la barriga y supe que a mi bebe, ¿ella o él?, también le había gustado aquella clase.

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…a veces
solo juego a imaginar
bailando con las palabras
para enredarte
en volantes
de emociones. . .

No te salves – Mario Benedetti

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No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer lo párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
.

Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

(Mario Benedetti)

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…a veces
si lo único que quieres
es salvarte
no te quedes conmigo. . .